La historia de Mariana es una de esas historias en las que muchas mujeres pueden verse reflejadas.
¿Han notado a esas mujeres a quienes, casi de forma unánime, todos describen como “hermosas” o como poseedoras de una belleza exótica? Ese es el caso de Mariana. Sus rasgos son tan singulares que resulta difícil ubicarla en un solo lugar del mundo. Aunque es colombiana, hija de padre y madre colombianos, su apariencia podría hacerla pasar sin dificultad por una mujer del Medio Oriente.
Pero, como sucede con todas las mujeres que han vivido la Experiencia RA, su belleza no se limita a lo visible. Mariana es hermosa por fuera y por dentro.
Tengo el placer de conocerla desde hace muchos años, no solo como amiga, sino también como mujer y como clienta. Por eso puedo decir con certeza que cuando decidió participar en esta experiencia lo hizo atravesada por una sensación muy común —aunque pocas veces nombrada—: no sentirse lo suficientemente bella, ni lo suficientemente perfecta, para posar frente al lente de una marca de lencería.
Su decisión fue un acto profundo de confianza: en mi proyecto y en ella misma. Nunca antes había vivido algo parecido.
En el momento de su sesión, Mariana atravesaba una experiencia personal de esas que, o nos quiebran, o nos fortalecen. En su caso ocurrió lo segundo. De sentirse una mujer “promedio”, cargando inseguridades silenciosas, inició un proceso de transformación que hoy me llena de orgullo. No solo floreció aún más, sino que comprendió algo esencial: la belleza se manifiesta con verdadera fuerza cuando la seguridad interior es mayor que el miedo.
No pretendo decir que una sesión fotográfica tenga el poder de cambiar por completo quién eres. Pero sí creo que puede mostrarte, hacia afuera, aquello que ha sido captado por un lente que no juzga, que no persigue ideales, que no compara. Un lente que simplemente te invita a mirarte con imparcialidad.
Y en ese acto, quizá puedas encontrarte con esa mujer que no siempre te permites habitar: libre de complejos, sin pensar si te ves más delgada o más llena de lo que “deberías”.
En palabras de Mariana:
“La Experiencia RA no me cambió totalmente la vida, pero es indiscutible que después de ella comencé a mirarme diferente.”
Y a veces, mirarse diferente lo cambia todo.
Porque no se trata de borrar la historia ni de negar las heridas, sino de permitirnos ver con otros ojos la mujer que somos hoy. Esa que ha atravesado miedos, decisiones difíciles y silencios largos, y que aun así sigue habitada por una fuerza profunda y una belleza que no pide permiso.
Mariana nos recuerda que la seguridad no nace del cuerpo perfecto, sino de la reconciliación con una misma. Y que cuando esa reconciliación ocurre, la mirada se transforma… y con ella, la forma en que habitamos nuestro cuerpo.
Esta es su historia.
Y, en muchos sentidos, también puede ser la nuestra.







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