MARGARITA: CUANDO LA MADUREZ SE VUELVE SENSUALIDAD
Margarita es una de mis mujeres RA favoritas. Su historia es especial, distinta.
“Margara”, como la he llamado toda mi vida con cariño, es para mí mucho más que una amiga: es una mujer que admiro profundamente. No solo por la belleza y la elegancia que la habitan, sino por esa forma tan auténtica en la que ambas emergen, sin esfuerzo, sin artificio.
Cuando comencé a imaginar la Experiencia RA Boudoir, tuve muy claro que no quería que fuera un espacio reservado únicamente para mujeres jóvenes. Si bien en ellas las inseguridades sobre el cuerpo, el rostro o la imagen suelen manifestarse de manera más evidente, esta experiencia necesitaba incluir a mujeres de todas las edades: jóvenes, maduras y —por qué no decirlo— también mujeres mayores. Mujeres que ya han recorrido sus miedos, que los reconocen, los abrazan y los integran como parte de su historia.
Para mí, Margarita hace parte del grupo de mujeres maduras. Esa etapa de la vida en la que la experiencia empieza a asomarse con fuerza, y la sensualidad se expresa de una manera única: más serena, más consciente, más poderosa. Es una sensualidad que nace de la seguridad, de la coherencia interna, de sentir que se ha vivido con honestidad y que se han hecho las paces con aquello que en algún momento dolió.
Ella es un claro ejemplo de ese tipo de mujer.
Cuando la invité a vivir la experiencia, respondió sin dudarlo:
—Qué dicha, claro que sí quiero.
Tal vez muchas personas que leen este artículo se pregunten qué quería ella lograr con esta sesión. En el fondo, no era muy distinto a lo que buscan todas las mujeres que han pasado por el lente de RA: en su madurez, sintiéndose plenamente hermosa y sensual, quería observar cómo se expresaban esos sentimientos en este momento tan especial de su vida.
Su sesión fue, simplemente, una celebración de quien es.
Eso se percibe en cada imagen: su frescura, su picardía, su manera de jugar con cada toma, con cada prenda, con cada escena. Y, por supuesto, dejó a todo el equipo —un equipo mayoritariamente femenino, al que ella generosamente permitió estar en su set— completamente maravilladas.
Al final, solo podíamos mirarnos entre nosotras y pensar, en silencio:
Así es como queremos sentirnos y vernos cuando lleguemos a esa madurez en la que la elegancia y la sensualidad se vuelven una sola cosa.
Esta es la historia de Margara.
Una mujer hermosa que volvió a mirarse —junto a su pareja— y a reconocerse más viva, más libre y, sí, más sexy que nunca.





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